El álbum contiene once canciones –unidas conceptualmente por el cuestionamiento sobre la validez de Cristo como líder de la humanidad– que, si bien están estructuradas con esa violencia descarnada, han sido recubiertas por pequeñas dosis de virtuosismo que llegan a apreciarse después de algunas vueltas: conforme el disco avanza, estos detalles se van haciendo más evidentes, alejándose sutilmente de la implacable propuesta inicial, como lo prueban el riff introductorio en Devouring the Feeble, la compleja guitarra a la mitad de Earthrot, el diálogo instrumental en Hades Rising y el ambiente lúgubre creado al final de Wretched Human Mirror, tema que concluye con diálogos extraídos de la película apocalíptica I Am Legend, cuya frase “There is no God” cierra el álbum (como dato curioso, en este filme Mike Patton realizó los gruñidos emitidos por los monstruos).
El único terreno azaroso que pisa el súper grupo de extracción sueca, es llegar a cruzar la línea entre una actitud death metal auténtica y una parodia; muchos de los clichés que podían percibirse en los lanzamientos anteriores como homenaje sincero a sus influencias, en The Fathomless Mastery rozan el extremo de lo caricaturesco: desde el mismo nombre de la banda y su logotipo que asemeja heridas cutáneas, hasta las portadas de seres agonizantes, los títulos sanguinarios y las letras sacrílegas. Por esta razón, aunque musicalmente el álbum funciona, conceptualmente es muy básico, e incluso las letras de canciones como Mock the Cross o Iesous suenan insulsas y elementales, sin que haya necesidad para ello; la prueba está en títulos como Slaughtering the Will to Live o Treasonous, que a pesar de ser blasfemos contienen poesía y reflexión.
En conclusión, como obra de death metal puro, The Fathomless Mastery emocionará a los incondicionales del género, incluso si desconocen la estirpe de sus integrantes; pero aún los exigentes y detallistas, descubrirán más de un pasaje que los haga alzar la ceja.








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