Uno de los discos más populares de death metal en 2008 fue sin lugar a dudas Antithesis de Origin, un álbum que gozó de una gran promoción en las revistas especializadas e incluso en la tienda virtual Amazon –no importaba que disco de metal buscara uno, siempre aparecía Antithesis como recomendación– y no es para menos: dentro de la hostilidad característica en este subgénero del metal se distinguen unas cualidades compositivas y estructurales asombrosas.
Antithesis representa el cuarto lanzamiento de esta banda formada en Kansas, un trabajo conceptual acerca del ocaso nuclear –en un futuro que ya no parece tan lejano–, a partir del cual, la muerte sería preferible a las condiciones de vida de los sobrevivientes, en un nuevo origen infrahumano para nuestra especie; una obra apocalíptica narrada por riffs ásperos, percusiones sólidas y voces guturales que profieren frases como: “la extinción massiva nos llama, la raza humana cae” (The Aftermath), “con tu sangre pintaré tus últimas palabras” (Algorithm), y sobre todo, la espeluznante cita en la titular Antithesis a las famosas palabras del infame Dr. Robert Oppenheimer (el científico judío conocido como “El padre de la bomba atómica”), quien el 16 de julio de 1945, después de ver la primera prueba nuclear en Trinity, dentro del conocido “Proyecto Manhattan”, pronunció: “I am become Death. The destroyer of worlds” (me he convertido en la muerte, el destructor de mundos). Origin lleva todo al límite: la existencia de la humanidad, la agresión verbal y el virtuosismo musical; en concreto, es la definición de “metal extremo”. Las diez canciones que integran Antithesis son en sí una detonación nuclear que no muestra un punto flojo ni cede un momento de descanso al escucha: su devastador ataque, ausente de melodía, se desplaza sobre una sección rítmica que, aunque se alza sólida y precisa en canciones como Wrath of Vishnu y Finite, por momentos suena sobre-trabajada y opaca el trabajo instrumental por completo, como en la saturada The Appalling. Destaca en especial la canción encargada de poner el punto final al álbum, la mencionada Antithesis, una épica existencial de nueve minutos y medio que da indicios de lo que podría ser el futuro en el sonido de Origin: composiciones progresivas extensas, cargadas de una gran sensibilidad musical y poseedoras de letras profundas de poesía alegórica.
Independientemente de que el grupo se desplace hacia un terreno más depurado, Antithesis se ha asegurado un lugar en la historia como un brutal testimonio de destrucción y predicción nostradámica… si es que queda alguien para recordarlo.
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