Cynic
Traced In Air
Compañía Discográfica: Season Of Mist

Cuando se habla del debut de Cynic, Focus de 1993, normalmente se usa la palabra “subvalorado” (en inglés ‘underrated’); un término muy desconcertante, pues si bien es cierto que no vendió millones de copias, siempre ha sido muy elogiado por la crítica y el público especializado como la obra que definió la fusión entre death metal, rock progresivo y jazz. En aquel lejano lanzamiento se escucharon joyas como Veil of Maya, en la que podían descubrirse restos humanos… no precisamente de la civilización maya, sino de la colaboración del guitarrista Paul Masvidal y el baterista Sean Reinert en el álbUm Human de Death, en el que Masvidal imprimió su sello ligero y desolado en clásicas como Secret Face y en especial Cosmic Sea, claras antecesoras de sus composiciones para Focus.

Quince años después, en Traced in Air, la entrega 2008 y consecuente regreso de Cynic, ya se sienten más dueños de su terreno; es cierto que, desde una perspectiva general, es una clara secuela a Focus: las percusiones de Nunc Fluens evocan el inicio rítmico de Sentiment, la fuerza de Uroboric Forms –aún con ecos del sonido Death– encuentra una respuesta en The Space for This; los tintes jazzeros de Textures resuenan en King of Those Who Know y la melancolía de The Eagle Nature se siente acompañada por Evolutionary Sleeper; sin embargo, su estilo se siente más propio, más dominado, ya no suenan a otras bandas Ó a mezcla de otros géneros, sino a ellos mismos, a Cynic. Por otro lado, aunque este logro representa en sí mismo un gran segundo paso, por momentos llega a extrañarse la fuerza arrolladora de su predecesor, el cual, si bien contó en su momento con la ventaja del elemento sorpresa, sí se siente más apasionado y contundente en la balanza auditiva. En Traced In Air las voces guturales características del death siguen presentes, aunque de manera muy dosificada y secundaria; los riffs firmes y potentes que ostentaba Focus, han sido sometidos en favor de acordes más ambientales y, en general, el álbum se siente más cuidado y menos visceral. Esta depuración en el estilo es, en sí, un arma de dos filos, que en manos de Masvidal y compañía ha sido usada a su favor: los temas mantienen entre sí una coherencia íntima, dentro de la cual, la música fluye naturalmente, haciendo de sus ocho canciones una obra completa, dentro de un universo de colores brillantes y paisajes abiertos integrado en su totalidad desde el deslumbrante trabajo visual de Robert Venosa.

Traced in Air es un disco fascinante que sin duda cumplirá con las expectativas de quienes aguardaron década y media por el sucesor de Focus, aunque desgraciadamente es demasiado corto –apenas 34 minutos de duración– y después de tanta espera, al escucha le queda cierta sensación de insatisfacción; por el momento, sólo podemos esperar que no tarden otros quince años en entregarnos otra media hora de virtuosismo ensoñador.

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